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Diálogos (IV) o sobre la eutanasia.

PROTAGORAS: Querido amigo Teófilo, te propongo discutir sobre un tema muy controvertido y actual. Pero con una condición, no utilicemos argumentos religiosos ni de moral de ninguna iglesia. Usemos sólo la razón desnuda, y razonamientos que podamos compartir todos, independientemente de nuestras creencias.

TEOFILO: No veo porqué uno no puede esgrimir argumentos religiosos o de fe. ¿Es que son de menor categoría? Cada uno ha de ser consecuente con lo que piensa, sea con fundamento religioso o de cualquier otro tipo. Pero atendiendo a la creencia de que la fe se propone, no se impone; y a que cuando uno discute racionalmente con otro es necesario usar un mismo lenguaje, acepto no hablar de teología. Usemos el lenguaje común de la razón y de las creencias no religiosas que compartamos. 

PROTAGORAS: Bien. Hablemos hoy de la eutanasia y el derecho a morir dignamente.

TEOFILO: Con sumo agrado acepto el tema. Pero para empezar dejemos de lado las sutilezas de la manipulación del pensamiento. ¿Por qué siempre se une la palabra eutanasia con la frase derecho a morir dignamente? ¿Quizá porque cuando la gente las escuche siempre juntas piense que son sinónimas o que no se puede dar lo uno sin lo otro? Esto es muy discutible. Es el típico caso en el que en el planteamiento del tema se sugiere con argucia la respuesta. 

PROTAGORAS: No entiendo lo que quieres decir. En mi ánimo, por lo menos, no hay intención de manipular.

TEOFILO: Y no lo dudo, amigo mío. Tú también has sido objeto de la manipulación y la has asimilado sin darte cuenta. Y sin darte cuenta la propagas. Veamos, ¿qué entiendes por “morir dignamente”?

PROTAGORAS: La paradoja que se presenta en la actualidad es que existen grandes avances en los medios para prolongar la vida en personas muy graves. El reverso de esta situación es que las agonías se prolongan con el aumento de la ansiedad del enfermo. Ante esto, lo que supone una muerte digna es poder asistir a la persona cuando decida el momento y la forma de su propia muerte. Y por supuesto en una sociedad pluralista nadie puede imponer ningún tipo de convicción a los demás.  (Descargar archivo completo)

Juan Manuel Lucas

juanmalucas@buscadlabelleza.org